Pbro. Lic. Marcos Rodríguez Hernández
Diócesis de Xochimilco
Comentario al Evangelio
Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo (1Cor 12, 3b).
Concluye el tiempo de Pascua con la gran celebración de Pentecostés, la efusión del Espíritu Santo sobre la comunidad apostólica que le permite comunicar el evangelio de Cristo a todos los presentes, en su mismo idioma, en su mismo lenguaje (1ª lectura)
Es el Espíritu que organiza la comunidad a través de sus dones y carismas, que impulsa a formar el cuerpo mistico de Cristo que es su Iglesia (2ª. Lectura) Pero este Espíritu es recibido el mismo día de la resurrección, para animar y entender que el evangelio de Cristo es vida, no es muerte, para perdón de los pecados (evangelio).
Sin embargo, me parece importante esta afirmación que Pablo hace en la primera carta a los Corintos: Nadie puede llamar a Jesús “Señor” (Kyrios, en griego); una afirmación categórica sobre la concepción de la misión y función de Cristo. Es el Señor porque es quien ha dominado el imperio de muerte y ha sido constituido así por el Padre. En la cristología temprana podemos decir que es un título nacido de la experiencia Pascual, es decir, la concepción que la comunidad cristiana hace de Jesús ante su ministerio, pasión, muerte y resurrección.
Por otro lado, el Espíritu Santo plenifica esa afirmación. Por ello da fuerza a aquellos que lo predican, discierne sobre los dones que entrega a los que construyen la comunidad y hace experimentar los dones del resucitado: alegría, paz, perdón.
Al concluir esta Pascua podriamos preguntarnos en que parte de la iglesia nos encontramos: en aquellos que buscan predicar el evangelio de Cristo, o en los que construyen la comunidad cristiana, o los que desean experimentar los dones del resucitado.
Aunque podríamos estar en las tres secciones, eso sería lo ideal, y en ellas experimentar el don del Espíritu que es activo, que es de todos y para todos, porque para eso ha sido enviado.
La pascua es renovación, Pentecostés es la plenitud de esa renovación. Que esta Pascua haya sido para cada uno de nosotros esa experiencia que haya renovado nuestra fe en Cristo y ahora con su Espíritu, podamo seguir construyendo su Iglesia, hasta que vuelva.